| Los
años sesenta acompañaron la poética de
un muchacho desgarbado y con pena en el alma mitigada con
canciones al desamor y la añoranza. Gustavo Gutiérrez
componía para su dama en la forma lírica que
su mente le imprimía, con la métrica propia
de su formación académica y la musicalidad que
sólo su corazón aceptaba.
"El Flaco de Oro" como musicalmente es reconocido
en el Valle1, rompía la historia de la composición
vallenata creando el género lírico o romántico2.
Vallenato porque conservaba su melodía con fuerte
protagonismo del acordeón, la caja y la guacharaca,
pero con la diferencia de una temática universal, enfocada
primordialmente en el sentimiento amoroso con destellos de
elementos rupestres y tradicionales.
Composiciones con las que se identificaría un público
nacional que encontró en las nuevas canciones una similitud
con sus problemáticas sentimentales. Versos que traspasarían
las fronteras de la Provincia de Padilla.
La composición de Gutiérrez fue el hito en
el vallenato, la puerta a su evolución, pero jamás
su decadencia.
Entender la historia y desarrollo de la música de
acordeón implicaría la comprensión de
la realidad por la que hoy atraviesa y que la ha llevado a
perderse en otros géneros musicales.
Orígenes del vallenato
Contrario a la creencia de que el vallenato es producto de
la llegada del acordeón a nuestras tierras, este es
el resultado de la fusión de tres razas que históricamente
mestizaron y por sincretismo cultural parieron un hijo en
América.
"Lo más probable es que el canto vallenato haya
nacido caminando y, por lo tanto que se haya criado y formado
en distintos lugares. Siendo música de vaqueros y trovadores,
acompañaban a quienes la creaban y difundían.
Por esta misma dispersión resultaba inevitable que
desarrollara diversas modalidades en regiones distintas"3.
Investigadores folclóricos como Consuelo Araujonoguera
y Tomás Darío Gutiérrez han trabajado
teorías según las cuales la música vallenata
tiene una división geográfica-cultural: vallenato
-vallenato, vallenato bajero y vallenato sabanero. Por su
parte Gutiérrez argumenta una clasificación
en escuelas, acorde con parámetros geográficos
étnicos y musicales: zona central, zona negroide, zona
ribana y zona ribereña.
Independientemente, lo cierto es que la verdadera riqueza
de la música de acordeón radica en la variedad
de los ritmos -puya, merengue, son y paseo- sentimiento y
dejos, pero sobre todo es el testimonio de experiencias e
indicadora de un modo de vida: "Textos culturales del
grupo en que han sido producidas, escuchadas y mantenidas
a través de los años4.
Antes de Francisco el hombre
El primer "trotamundo" reconocido por la tradición
vallenata ha sido indudablemente Francisco Moscote, identificado
como "Francisco el hombre", el mismo que derrotó
al demonio en uno de esos caminos polvorientos y el mito hoy
reconocido. Pero antes de él, alguien se registró
en la historia como el primer acordeonero, fue José
León Carrillo Mindiola, nacido en Atanquez (Cesar)
hacia 1835. Quien con una notable vocación religiosa
fue enviado por misioneros españoles a un seminario
de la Madre Patria por la misma época en que comenzaba
a circular por Europa un joven arrugado de aireada interpretación.
Seducido por los acordes colgó su sotana y regresó
a su tierra cargado con el instrumento que lo llevó
a forjar alumnos como Abrahan Maestre, contemporáneo
de "Francisco el hombre" y por supuesto adversario
en alguna ocasión.
Los patriarcas
Desde patriarcas en la interpretación del acordeón
como Carrillo, Moscote, Guerra, Rivera, Peñaranda,
Serna, entre otros, a generaciones como la "Chico"
Sarmiento, "Chico" Bolaños, Emiliano Zuleta
y Lorenzo Morales, y posteriores como la de Alejandro Durán,
Luis Enrique Martínez, Andrés Landeros y muchos
más; la música de acordeón como anteriormente
era reconocida y que sólo llegó a nombrársele
vallenata con la creación del Festival de la Leyenda
Vallenata (1968), manejó entre diversos temas a la
geografía, sus elementos y por supuesto la región,
los acontecimientos de la comarca y las experiencias personales
de sus habitantes. Otras veces aludían a amigos y compadres
del compositor, a los medios de producción de su entorno,
inclusive a los vehículos de transporte o si no que
lo diga Alejandro Durán con su "039".
Es precisamente en el ingenio de estas piezas que sobresalen
compositores como Rafael Escalona, por ser la veta auténtica
de la música vallenata, con cantos que se contonean
por la diversidad temática. Emiliano Zuleta, por su
ingenio y repentismo; Leandro Díaz, quien con su inteligencia
describe de manera asombrosa paisajes, seres, acontecimientos
y mínimos detalles que su visión no le permite.
Además de Tobías Enrique Pumarejo, quien con
Leandro, dieron pinceladas de lirismo a la música vallenata,
pero sin la osadía de Gutiérrez.
Las migraciones
La música propia de esta región empezó
a darse a conocer por fuera de su geografía a partir
de los años veinte y treinta, reconociéndose
según los periodistas Pilar Taffur y Daniel Samper
Pizano, tres olas migratorias que llevaron a que el ritmo
entrara al interior del país.
La primera alude a la época dorada de la zona bananera
del departamento del Magdalena, al Sur de Santa Marta. "Los
trabajadores acudían a prestar su brazo a la United
Fruit desde todos los rincones del país... la abigarrada
mezcla de trabajadores permitió que los cantos de los
oriundos de la provincia encontraran oídos dispuestos
a escucharlos y repetirlos más tarde en otros puntos
del mapa.
La segunda ola migratoria atrajo a los cosecheros del interior
a las puertas mismas de Valledupar. Fue cuando decayó
el banano y surgió el algodón... los trabajadores
que llegaban para las temporadas de recogida regresaban a
sus comarcas natales con la música a cuesta.
El tercer movimiento migratorio fue de índole elitista,
reducido en sus proporciones pero importante en su influencia.
Ocurrió durante los años cincuenta, cuando un
grupo de jóvenes vallenatos pertenecientes a las familias
ricas y rancias, viajó a realizar estudios en la capital.
Allí conocieron a condiscípulos de la alta sociedad
bogotana que se fascinaron con los cantos de su región
que entonaban los vallenatos en las reuniones cachacas"5.
Este último movimiento puede explicitarse con Hernando
Molina, hijo, íntimo amigo de Rafael Escalona. "El
llevó mis cantos a Bogotá por primera vez y
de allá vino cargado con una tropa de cachacos que
se vallenatizaron en su casa... Entre ellos Alfonso López
Michelsen quien forma con un grupo de jóvenes y condiscípulos
del barrio La Magdalena la primera cofradía de amantes
y defensores del vallenato de Escalona. A ellos, los magdalenos,
como se les conocía entre la juventud bogotana de la
época, se les debe en gran parte el escuchar vallenato
auténtico en Bogotá6
Comercialización del vallenato
La industria disquera y la radio comenzaron a realizar una
divulgación más amplia de los cantos vallenatos.
"Al parecer la primera grabación de un aire vallenato
con fines comerciales fue hecha en 78 r.p.m. para la etiqueta
Odeón de Chile y los protagonistas fueron Abel Antonio
Villa y Guillermo Buitrago. Este trabajo fue dirigido en 1944
por Emigdio Velazco, a la sazón propietario de foto
Velazco en Barranquilla"7.
"El fenómeno de la grabación comercial
implicó cambios para esta música en general...
significó la posibilidad de expansión y de conquista
de otros auditorios. La comercialización de las casas
disqueras impuso condiciones a los músicos, a los temas
y a la instrumentación. El disco grabado obligó
a cortar largas piezas, a ampliar el sonido, a acompañar
con nuevos elementos y el músico se convirtió
en un instrumento más del avance de los medios de comunicación8.
Época de cantantes
Producto mismo de la comercialización desaparecieron
los juglares cediendo su digitar exclusivamente a los acordeoneros
y su ingenio e interpretación al compositor y al cantante.
Hizo su debut como solista, el jilguero de América,
Jorge Oñate (1968) seguido por Alfonso "Poncho"
Zuleta, Rafael Orozco, Diomedes Díaz, Alberto Zabaleta,
Silvio Brito e Iván Villazón, este último
con una propuesta que fusionó lo moderno y lo tradicional
y data de la década de los ochenta.
Los cantantes profesionalizaron su arte e hicieron del vallenato
un género que traspasó las fronteras patrias.
Sus agrupaciones se caracterizaron por particulares presentaciones
de tarima, la innovación instrumental, el vestuario
de algunos, el carisma de otros y su manejo de masas, y hasta
su naturaleza agreste manejada entre luces y espectáculo.
Hasta el día de hoy
La ola comercial impuesta por los medios de comunicación
y la influencia de los productores fonográficos, deformó
los cánones espontáneos e ingenuos del vallenato
y empieza a aparecer así un vallenato industrial contaminado
por la ranchera, la balada y hasta la música carrilera.
Los periodistas Pilar Taffur y Daniel Samper Pizano la han
definido como "un canto plañidero, de letra predecible
y música amanerada en la cual los acordeoneros -cada
vez más hábiles digitadores pero no necesariamente
mejores músicos- desarrollan toda suerte de tics comerciales.
La mayor parte de las creaciones inspiradas por el afán
de producir disco vale muy poco. Esa pobreza pretende ocultarse
tras una hinchazón de quejidos y artificiales desgarramientos
del alma.
"Los intérpretes de hoy son muy llorones -declaraba
Alejo Durán... ahora lo que hay son unas mazamorras
de palabras raras. Son cantos que más demoran en hacerse
que en desaparecer porque no tienen historias sino lágrimas"9.
"Gustavo Gutiérrez canta, en Valledupar cuando
sale el sol"10 y lo seguirá haciendo con la esperanza
de mantener vivos aquellos sentimientos que el acordeón
realmente entiende.
Notas
- Apócope de Valledupar.
- Al respecto la folcloróloga Marina Quintero Quintero
ha desarrollado la temática. En Poética popular
colombiana, canto y coplerío.
- Samper Pizano, Daniel y Taffur, Pilar. Cien años
del vallenato. Santafé de Bogotá. MTM, 1997.
188 p.
- Llerena Villalobos, Rito. Memoria cultural en el Vallenato:
un modelo de textualidad en la canción folclórica
colombiana. Medellín: Universidad de Antioquia. 1985.
293 p.
- Samper Pizano, Daniel y Taffur, Pilar. Cien años
del vallenato. Santafé de Bogotá: MTM, 1997.
188 p.
- Araujo Noguera, Consuelo. Escalona. El hombre y el mito.
Santafé de Bogotá: Planeta, 1988. 297 p.
- Primera grabación comercial de un aire vallenato
en acordeón. En revista Romanceros Nº 5. Santafé
de Bogotá, 1997.
- Posada, Consuelo. Canción vallenata y tradición
oral. Medellín: Departamento de Publicaciones de
la Universidad de Antioquia, 1986. 252 p.
- Samper Pizano, Daniel y Taffur, Pilar. Cien años
del vallenato. Santafé de Bogotá: MTM, 1997.
188 p.
- Tema musical "confidencias", autor Gustavo Gutiérrez
Cabello. 1963.
Bibliografía
- Araújo de Molina, Consuelo. Vallenatología.
Orígenes y fundamentos de la música vallenata.
Bogotá: Tercer Mundo, 1978. 162 p.
- Araujonoguera, Consuelo. Escalona, el hombre y el mito.
Santafé de Bogotá: Planeta, 1998. 297 p.
- Gutiérrez Hinojosa, Tomás Darío.
Cultura vallenata: origen, teoría y pruebas, Santafé
de Bogotá: Plaza y Janés, 1992. 605 p.
- Llerena Villalobos, Rito. Memoria cultural en el vallenato:
un modelo de textualidad en la canción folclórica
colombiana. Medellín: Universidad de Antioquia. 1985.
293 p.
- Posada, Consuelo. Canción vallenata y tradición
oral. Medellín: Departamento de Publicaciones de
la Universidad de Antioquia, 1986. 252 p.
- Samper Pizano, Daniel y Taffur, Pilar. Cien años
del vallenato. Santafé de Bogotá: MTM, 1997.
188 p.
Asesoría temática: Marina Quintero
Quintero.
Gustavo Gutiérrez
- Nació en Valledupar (1938). Administrador de empresas
de profesión. Inicia su carrera en la composición
en 1963 con "Confidencias", "Morenita",
"Suspiros del alma" y "La espina".
- Grupos como el de Alfredo Gutiérrez, inicialmente;
los Hermanos Zuleta, Los Betos, El Binomio de Oro y Diomedes
Díaz, entre otros, han popularizado su inspiración.
- Actualmente continúan con su vena musical compositores
como Roberto Calderón, Hernán Urbina Joiro
e Iván Ovalle.
Tomado de: El Colombiano
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